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Trashumancia

¿Qué es la trashumancia?

El origen de la trashumancia nos retrotrae a los primeros pobladores de las tierras de Cameros. El clima obligaba a cambiar de lugar de pasto: en verano, con el calor, a los pastos de altura; en invierno, en cambio, a las tierras bajas. De esta forma, había tres formas de pastoreo. En el primero había que hacer largos trayectos en busca del pasto. En éste los rebaños solían ser d grandes dimensiones y en los trayectos se llegaba hasta 140 kilómetros. En el segundo tipo, los recorridos eran más reducidos y los rebaños menores. En el último, los rebaños eran todavía inferiores de tamaño y no solía haber un pastor dedicado a ellos en exclusiva. Generalmente, se alternaba el trabajo de la tierra con el del pastoreo y el rebaño solía estar en los terrenos de la casa o del pueblo.

En los dos primeros casos, los pastores subían con sus rebaños a primeros de mayo a los pastos altos, a los lugares donde estaban sus refugios y rediles, y allí pasaban el verano y el otoño. Estos espacios siguieron desempeñando su función durante siglos y siglos, cambiando su fisonomía, pero los pastos continuaron siendo ricos en altitudes muy por encima de los 1.200 metros. Ya en el Neolítico los primeros pobladores de Cameros practicaban un pastoreo trashumante, aposentándose durante el verano en las zonas elevadas de la sierra al provecho del pasto fresco y emigrando en el invierno a las tierras más templadas de los Valles del Ebro y del Duero, en busca de alimento para sus ganados.

La trashumancia camerana alcanzó su esplendor tras la conquista del Valle del Guadalquivir por Fernando III, monarca de Castilla, y desde entonces perduró sin grandes modificaciones.

La trashumancia se asentó en la totalidad del Valle del Ebro, el Somontano Pirenaico, El Canal de Berdún, en los valles de afluentes del Ebro y en la parte septentrional de Teruel. Las cabañas de Cameros y Demanda se trasladaban a Andalucía, La Mancha y Alcudia. Los rebaños de Albarracín se dirigían La Mancha, Alcudia, Andalucía y “El Reyno”. Había una gran diferencia de longitud entre los diferentes trayectos. Las cabezas del Sistema ibérico caminaban durante más de veinte jornadas en tanto las del Alto Aragón se desplazaban entre seis y ocho jornadas y otras lo hacían en doce o trece días, y de este modo se ha mantuvo la tradición durante casi siete siglos.

Con la caída de la actividad ganadera, han descendido el número de cabezas y la trashumancia ha ido desapareciendo. La tradicional, salvo casos aislados hasta hace poco, ya no se efectúa a través de las cañadas y las vías pecuarias de toda la vida, sino por carretera, a bordo de camiones, perdiendo así todo el romanticismo de antaño.

 
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