ALTO VALLE DEL IREGUA 
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Patrimonio Etnográfico de los pueblos del Iregua


Un patrimonio cultural y etnográfico

Uno de los depósitos del patrimonio etnográfico y cultural de La Rioja es el Alto Iregua, dentro de la Sierra de Cameros y del conjunto de las sierras riojanas. Sin duda, su peso simbólico ha trascendido a sus límites territoriales. Los hijos y nietos de los cameranos que abandonaron su territorio hacia los centros urbanos e industriales mantuvieron sus raíces y conservaron al menos el recuerdo de aquellas tradiciones y costumbres ligadas al medio natural y a la ganadería. Por ejemplo, los corrales que han sobrevivido al paso del tiempo, y al pronunciado descenso de la actividad ganadera, situados en las montañas y en los pastizales de las cumbres. Junto a ellos, los restos de otros muchos, lugares junto a los que pernoctaban los pastores, resguardados al calor de una lumbre, vigilando el ganado junto a sus perros mastines y careas.

Pero en los cascos urbanos y en los entornos de los pueblos del Alto Iregua vamos a encontrarnos con otras huellas. Son los imponentes restos de las antiguas fábricas de paños y de mantas, la industria textil de la sierra riojana. Lamentablemente, en algunos casos no nos quedan más que sus muros, el esqueleto, una triste metáfora del hundimiento del sector en los siglos pasados. Otras han sido rehabilitadas, cumpliendo funciones diferentes de aquellas para las que fueron construidas. En no pocos casos es la memoria colectiva, la de los habitantes y descendientes del Alto Irequa, la que nos recuerda que en tal lugar existía una fábrica o un taller. Y es muy posible que ellos lo sepan no porque lo hayan visto sino porque así se lo transmitieron sus padres y abuelos.

No son los únicos elementos industriales. También existían fábricas de chocolates y de muebles. Los molinos y las fraguas estaban presentes en cada uno de los municipios. Aún hoy las características ruedas de molino, enormes piedras presentes en la vida cotidiana de nuestros antepasados, se exhiben como recuerdo, jubiladas ya de su función. Los restos de los antiguos molinos, junto a los ríos, son invadidos por la vegetación, en algunos casos por el bosque.

Si presentes estaban estos edificios en la vida cotidiana, en similar nivel podemos situar a los lavaderos. En algunos municipios se ha conseguido rehabilitar estos espacios, lugares donde las mujeres llevaban a cabo la tarea de lavar la ropa, pero también claves en la sociabilidad, como punto de encuentro.

La gastronomía de la zona también se encuentra vinculada a las actividades ganaderas. Las calderetas, las chuletillas, y los embutidos, que encontraban sus secaderos en los altos de las casas, en los pisos superiores o payos, forman parte del conjunto de sabores del Alto Iregua. Y no podemos olvidar la comida pastoril por excelencia: las migas. Los pastores elaboraban este plato típico a partir del pan duro, condimentado de diferentes formas, desde chorizo hasta azúcar. Otro de los elementos gastronómicos característicos de esta zona serrana es el queso fresco, elaborado a partir de la leche de oveja, dejándose curar en pequeños cestillos que le daban su forma característica.

Dentro de la artesanía de la zona merecen especial atención las almazuelas. En las últimas décadas se pudo recuperar esta tradición, que ya estaba al borde de la desaparición. La elaboración de estas mantas, a partir de retales, ha subsistido gracias a actividades como las que se desarrollan en talleres que han surgido en municipios como Villoslada y Villanueva. Las almazuelas son muy vistosas ya que se cosen los diferentes elementos que la forman dando lugar a dibujos geométricos.

Finalmente, este apartado no puede cerrarse sin hacer una breve mención a las fiestas de la zona. Todos los municipios cuentan con sus fiestas patronales, consagradas a su patrón o patrona. Son los meses de verano cuando se concentran la gran mayoría de ellas, especialmente en fechas tan significadas como Santiago o la Virgen del Carmen. Pero también hay numerosas romerías, peregrinaciones a las ermitas y santuarios de las localidades, a las que volveremos más tarde. A pesar del descenso de la actividad ganadera, todavía sigue celebrándose la Feria de Ganado de Villoslada de Cameros en septiembre, donde los ganaderos de la zona pueden adquirir nuevos ejemplares para sus rebaños.

En conclusión, un medio natural que conforma no sólo un paisaje sino el escenario y la fuente donde se ha desarrollado la vida del Alto Iregua. En la actualidad, cuando las actividades ganaderas y otras surgidas al abrigo de éstas, especialmente la industria textil, han dejado paso a otras vinculadas al turismo, a la naturaleza y al deporte, los bosques recuperan espacios. Algunas de las antiguas aldeas han sido colonizadas, es el caso de El Hoyo, de la que aún podemos ver sus construcciones entre Ortigosa y Villoslada, la desaparecida Lollano en Villanueva, o el caso de Aldeanueva (Villanueva) y El Horcajo (Lumbreras), pequeños núcleos de población que se ven rodeados de bosques.

 

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