ALTO VALLE DEL IREGUA 
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Las Cañadas Reales y la Mesta

La trashumancia buscaba explotar el ganado a lo largo de todo el año. En el siglo XVIII en La Rioja había más de 300.000 cabezas de ganado trashumante, prácticamente la totalidad de los varones activos abandonaban sus casas a finales de septiembre para cuidar de sus ganados durante el trayecto de más de treinta días hasta tierras del sur, llegando a permanecer allí hasta nueve meses. El recorrido hasta las esas fincas se realizó a pie hasta entrada la década de 1960 en los que se introdujo el ferrocarril como medio de transporte. Eran duros recorridos, jornadas de trabajo al ritmo que marcaba el rebaño que seguía un camino que se conocía de memoria, de los viajes en los años anteriores: las cañadas.

Las cañadas son los caminos pastoriles que discurren por toda la superficie de la Península Ibérica. Las más destacables son las Cañadas Reales que cruzan España de norte a sur, siendo las más importantes la Cañada Real Soriana, la Cañada Real Segoviana y la Cañada Real Leonesa. La Cañada Real Soriana parte de los pueblos riojanos de Ajamil y Larriba. En su época de esplendor tuvo hasta 75 metros de anchura, pero las fincas colindantes, las vías férreas o los pantanos y carreteras, así como la falta de mantenimiento y el transporte rodado han hecho que su estado actual apenas permita transitar por ellas. Hoy son caminos protegidos, pero el daño ya está hecho en muchos de sus tramos, siendo irrecuperables.

La actividad trashumante contaba con una serie de normativas y reglas que fueron legisladas hace cientos de años. Ligada a la monarquía surge la Mesta que, inicialmente, trataba de resolver los problemas por los propios ganaderos pero, a partir del siglo XIII, comenzó a crecer hasta obtener una protección real que fue incrementando siglo tras siglo hasta poseer una importante estructura burocrática formada por alcaldes de cuadrilla, fiscales, consultores, procuradores generales, etc.

El Honrado Concejo de la Mesta fue creado por Alfonso X en 1273 tras reunir a los pastores de León y Castilla en una asociación y otorgarles una serie de privilegios. También era una forma de control por parte de la monarquía de esta actividad. Para llegar a esta organización mesteña se realizaron una serie de reuniones en las que se promulgaron leyes para gobernar las cabañas y donde también se organizaron las caravanas del trashumo, al frente de cada cual se colocó un mayoral.

Existían unas tierras de labor que explotaba particularmente cada vecino, otras dehesas a las que se podía llevar libremente el ganado, los montes concejiles de los que podían disponer los ganaderos de cada localidad y el resto de las tierras quedaba libre para el pasto de todo ganado nacional, trashumantes y estantes indistintamente. Esta situación se complicó con el tiempo dado que con el auge de la Mesta aumentó la presión ganadera. Los rebaños de los nobles se multiplicaron y fueron invadiendo todo tipo de terrenos hasta prácticamente privar a los ganados más humildes de los mínimos pastos. Comenzaron a proliferar así los cercados y se reguló de tal forma que se favoreciera a los ganados del concejo, dándoles preferencia con respecto a los de fuera, lo que daría lugar a que los nobles se avecindaran en los pueblos para así adquirir mayores derechos. Ahí tienen su origen las espaciosas casas solariegas distribuidas por toda el área trashumante como por ejemplo en Montenegro, Villavelayo, Viniegra o Canales entre otras muchas, localidades situadas en comarcas contiguas al Alto Iregua. La mayor parte de ellas provienen de los siglos XVII y XVIII aunque hay algunas aún más antiguas.

La institución comenzó a perder sus poderes en el siglo XVIII, con las reformas centralizadoras y tendentes a la homogenización de Carlos III. La Mesta perdió sus funciones jurídicas en 1836 con la creación de la Asociación General de Ganaderos, cuya labor consistía en defender los derechos colectivos de la ganadería, procurar el fomento y mejora de las razas y velar por el exacto cumplimiento de las leyes y disposiciones relativas a la ganadería.

En definitiva, Cabañas Reales y Mesta pertenecen al pasado de las actividades ganaderas de Cameros y de la Sierra riojana. Fueron determinantes en la vida cotidiana de nuestros antepasados, y hoy todavía podemos recorrer parte de estas cañadas. No hace falta más que mirar un mapa para ver los caminos recorridos, las grandes distancias que cubrían los rebaños. Pero eran otras épocas, con otras concepciones distintas del tiempo y del espacio.

 
sierra de cameros alto valle del iregua