ALTO VALLE DEL IREGUA 
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La Ruta del arte: Ermitas y castillos

Todo el conjunto de Cameros atesora un relevante Patrimonio Histórico–Artístico como consecuencia de los avatares histórico y de sus épocas de esplendor, cuando las sierras riojanas fueron un emporio textil – ganadero. Y el valle del Iregua no es una excepción dentro de este contexto. Pasear por los municipios cameranos es encontrarnos con cascos urbanos donde prevalece una arquitectura propia de las zonas de montaña. Los pueblos muestran su adaptación al abrupto y accidentado territorio. Estampas como las que podemos contemplar en Ortigosa, un municipio separado por un barranco y salvado por dos altos puentes; Villoslada situada en una empinada ladera a orillas de la confluencia entre los ríos Mayor e Iregua; y el entorno de Lumbreras, bosques y pastos que se pierden en el horizonte, sirven de ejemplo a la adaptación del hombre al medio.

Pero, el paso del tiempo ha dejado su huella en forma de construcciones interesantes, de iglesias y ermitas, junto con casonas que sirvieron de hogar a poderosos ganaderos y empresarios textiles. Edificios que comparten todos ellos los materiales de su construcción en su mayor parte, las piedras extraídas de las montañas cameranas y las maderas de sus bosques.

Las ruinas de los castros celtíberos nos remiten a aquellas épocas en las que estas tierras, de difícil accesibilidad, no contaban con una gran población estable, pero que ya iba asentándose en torno a las futuras localidades que han llegado hasta nuestros días. Un ejemplo de estos castros es el de Lumbreras, del siglo VI a.d.C., situado a las afueras de este municipio que alcanza los 1.184 metros de altitud.

La llegada de los romanos provocó que la Península Ibérica contara con una red de calzadas romanas, caminos desde los que no sólo se consolidó el poder militar de Roma sino los avances de su civilización. Una vía unía Vareia, el actual barrio de Varea en Logroño, con Numancia, dos de las poblaciones más importantes de esta zona siguiendo el curso del Iregua. Restos de la misma se encuentran en el valle, desde Viguera hasta Lumbreras.
En la Alta Edad Media las localidades cameranas fueron adquiriendo los primeros rasgos de su fisonomía. Además, el territorio se pobló de pequeñas ermitas perdidas en bosques y collados que rendían culto a las vírgenes y santos, relacionados en no pocas ocasiones con las actividades de la ganadería. Una de las más antiguas es la de San Pedro en Torrecilla en Cameros, de estilo mozárabe del siglo X. Pero el referente del románico más importante del valle del Iregua es San Esteban de Viguera, una pequeña ermita situada debajo de las Peñas de Viguera y que es una de las muestras de este estilo más significativas de toda La Rioja. En Nestares, debajo de las cumbres del Serradero, la reconstruida ermita románica de San Bartolomé que también sirvió de refugio a pastores trashumantes. En Nieva de Cameros, la ermita de Castejón nos recuerda al antiguo Monasterio del mismo nombre, del cual también se conservan algunos restos. Otras ermitas del valle del Iregua se reconstruyeron sobre las plantas de antiguas edificaciones románicas, como por ejemplo la de San Andrés en Torrecilla en Cameros y que fue reconstruida en el XVI, o la de Santa Lucía en Ortigosa, así como la ermita de San Mamés en El Rasillo que fue reconstruida en el XIX. Igualmente, la talla de la Virgen de Lomos de Orios es también de estilo románico, concretamente del siglo XIII.

Pocas muestras del patrimonio civil han llegado hasta nuestros días de ese período. El puente medieval de Villoslada de Cameros y las ruinas del castillo de Nieva son algunos ejemplos. Otros puentes de origen medieval son los de Viguera y Torrecilla en Cameros, con elementos de reconstrucciones llevadas a cabo en periodos posteriores.

Pero son los siglos del Renacimiento y del Barroco los que concentran un mayor número de elementos patrimoniales en el valle del Iregua. La consolidación del emporio ganadero serrano y de la industria textil se refleja en la propia morfología de los municipios del valle del Iregua. Fueron siglos de desarrollo y constante intercambio comercial y económico con Países Bajos y América. Así, por un lado, decenas de casonas y casas blasonadas jalonan las calles de localidades como Lumbreras, Torrecilla en Cameros, Villanueva, Villoslada y Ortigosa, marcando su fisonomía. En esta última localidad destaca la Casa Grande del siglo XVI, en pleno centro de la misma sobre el barranco la separa, una sobria construcción iniciada por Martín García de Brieva, un importante ganadero y terrateniente.

 
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