ALTO VALLE DEL IREGUA 
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Historia y Arte La Edad Media

La Edad Media

La Historia de La Rioja es la historia de una frontera que conoció incesantes luchas por el control del territorio. El valle del Ebro, en la Edad Media, sufrió más que ninguna otra zona este escenario de conflicto. Tras el esplendor del efímero Reino de Nájera–Pamplona, castellanos y navarros establecieron en el río una inestable frontera, sometida a continua vigilancia, con imponentes fortificaciones en ambas márgenes del río, como por ejemplo la fortaleza de San Vicente de la Sonsierra frente al castillo de Davalillo, en San Asensio.

El aislamiento persistió tras la caída de Roma y la llegada de los visigodos. Son siglos oscuros, de ausencia de documentos y testimonios acerca de lo qué ocurría en Cameros y en las montañas riojanas. En los primeros años del siglo VIII, mientras la presencia musulmana se extendía por el valle del Ebro, las sierras de La Rioja permanecían en un aislamiento que era secular, con poca población, que seguía dedicándose fundamentalmente a la ganadería. La situación empeoró durante los dos siguientes siglos, las incursiones de los emergentes reinos cristianos y de los árabes provocó inestabilidad y la emigración de parte de la población a zonas más seguras del norte.

Pero a comienzos del siglo X, el Reino de León y el de Pamplona conquistaron toda La Rioja, exceptuando Rioja Baja que seguiría en manos musulmanas hasta el siglo XII, dominada por los Banu Quasi, familia visigótica convertida al Islam. El monarca pamplonés Sancho Garcés I y el asturiano Ordoño II se hicieron con los valles del Najerilla y el Iregua. Los hechos culminaron en el año 923, y Sancho Garcés I se hizo con el control del territorio riojano conquistado. Se daba así el inicio de lo que pocas décadas después, y hasta el año 1076, sería el Reino de Nájera–Pamplona.

Viguera, llamada en tiempos de los árabes Bagira o Lacayra, era la puerta de entrada al actual Camero Nuevo, un punto de vital importancia estratégica ya que, remontando el Iregua, se llegaba a los puertos que daban acceso a la meseta. De su relevante posición ya se habían dado cuenta los árabes, en ella levantaron un castillo al abrigo de sus imponentes peñas, y los conquistadores navarros hicieron de este núcleo la cabecera del valle del Iregua. Sancho Garcés I logró tomar Viguera el 12 de mayo del 922 y como conmemoración de la misma se construyó el Monasterio de San Martín de Albelda, que alcanzaría una alta notoriedad por la calidad de sus códices.

De esta forma, Cameros y el Iregua, se convirtieron durante dos siglos en la frontera hacia el este con los musulmanes. Durante esos siglos, y con el avance de las conquistas cristianas hacia el este y el sur, los Cameros se convirtieron en una zona de repoblación, procedente en gran medida del norte de la Península Ibérica, especialmente de Navarra y Álava, las mismas regiones a las que los cameranos se habían visto obligados a emigrar en los siglos anteriores.

El Reino de Viguera comprendía todo el valle del Iregua hasta su desembocadura, junto con el del Leza y los pueblos del entorno de Moncalvillo. El rey pamplonés García Sánchez otorgó el territorio de Viguera para su hijo Ramiro, elevándolo a la categoría de Reino. Los hechos acontecieron en el año 970 y su vida fue breve, en 1030 había desaparecido para integrarse en el emergente Reino de Nájera–Pamplona. Las peñas de Viguera e Islallana esconden algunas huellas de esos siglos de esplendor, como por ejemplo la ermita románica de San Esteban, situada debajo de estas imponentes moles graníticas que se presentan como las puertas del valle del Iregua y del Camero Nuevo.

El final del Reino de Nájera–Pamplona acontece en 1076, cuando los enfrentamientos dinásticos internos lo fragmentan y el territorio riojano pasa a manos de Castilla, convertida ya en reino. Se inicia una época en la que, con el desplazamiento de las fronteras, la zona del valle del Iregua vivirá un momento de expansión, con el fortalecimiento de la ganadería trashumante, beneficiada desde 1273 con los beneficios y prerrogativas de la Real Sociedad de Ganaderos de la Mesta, creada por el rey castellano Alfonso X El Sabio.

El origen del Señorío de Cameros se haya en el Reino de Viguera. Fue el rey najerino Sancho El Mayor (1000-1035), el más relevante de los reyes de Nájera, quien otorgó al noble Fortún Ochóiz el territorio de Viguera. Décadas después, cuando La Rioja fue incorporada a la Corona de Castilla, Alfonso VI confirmó a sus descendientes al frente del Señorío de los Cameros.

En el siglo XIII, los Fortuniones, que era como se conocía a la dinastía comenzada por Fortún Ochóiz, fueron sustituidos al frente del Señorío de Cameros por una de las ramas de los López de Haro, una de las familias nobiliarias más importantes de toda La Rioja en la Edad Media. Sin embargo, las luchas fraticidas del siglo XIV les hicieron perder parte de sus posesiones, entre ellas el Señorío de Cameros. En 1366, Enrique de Trastámara, nuevo rey de Castilla, concedió este territorio a Juan Ramírez de Arellano por los servicios prestados en estas luchas internas, con lo que el señorío camerano pasaba a manos de otra de las grandes familias nobiliarias riojanas del medievo.

Con los Ramírez de Arellano, las posesiones de Señorío de Cameros se ampliaron, con lo que su extensión llegó hasta la “Siete Villas” en el curso alto del Najerilla, las sierras de Rioja Baja, el norte de Soria, el curso medio del Iregua y municipios como Villanueva y Pradillo, así como otras posesiones situadas en el valle del Ebro, como Alcanadre, Murillo de Río Leza, Arrúbal y Ausejo. En definitiva, un vasto territorio en el que los señores de los Cameros, futuros Condes de Aguilar, contaban con un amplio poder y su influencia en la corte castellana era más que notable.

 
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