Gallinero de Cameros
Situación y población
El municipio se encuentra en una zona abrupta y escarpada y se organiza en torno al valle del alto Iregua. En 1900 la población era de 144 habitantes, en 1970 de 29 hab. y en 2008 es de 24 hab. El pueblo
La ruta por el Camero Nuevo sigue, con nuevas localidades y sorpresas siempre agradables. Cercano el mediodía, el cuerpo avisa de que es necesario parar, llenar el estómago y volver a la entrañable marcha. Los rugidos interiores que denotan la necesidad de echarse algo a la boca se hacen sentir en Gallinero. La creciente oferta turística hace que no sea difícil encontrar alguna venta o restaurante en el que poder saciar el apetito.
Decido esperar un poco más y recorrer este minúsculo pero privilegiado pueblo, encajado entre montañas y rodeado de un paisaje que invita a la tranquilidad. Situado prácticamente junto a la línea divisoria entre el Iregua y el Leza, entre el Camero Nuevo y el Viejo, la localidad cuenta con poco más de veinte habitantes y una iglesia, la de la Asunción, que gobierna por encima de las típicas casas serranas.
Gallinero es tierra de pastores ya que los terrenos colindantes no ayudan a que los cultivos sean productivos. En la plaza me encuentro con uno de ellos. Es un veterano pastor, curtido por el frío y por tiempos peores, que decidió cuando todos se iban apretar los dientes y seguir atado a su casa de piedra y a su Virgen de la Cuesta. Ahora es distinto, nadie que viva en Cameros lo hace a la fuerza. Todos viven en el lugar que quieren. Este pastor lo ha hecho siempre.
Me invita a su casa, donde come uno es fácil dar de comer a otro. Disfruto del encanto de caminar por calles empinadas, empedradas, escasamente asfaltadas. El abuelo se apoya en su bastón apañado con una resistente rama de roble para subir la cuesta de la iglesia. Le acompaña un perro cansado, con el pelo desaliñado, tranquilo. Sin prisas, como su amo.
Sobre la mesa, una gran cazuela de caparrones con sus trozos de carne y chorizo. Un manjar. Es un plato típico serrano. En época de necesidad las legumbres se acompañaban de patatas y un poco de grasa de oveja o de manteca de cerdo. Pero esa época ya pasó. Entre cucharada y cucharada, el pastor me cuenta cómo el hambre hizo marchar a los jóvenes, los duros inviernos en la sierra, la necesidad de apurar las reservas y trabajar para poder sacar adelante la casa. Pero la cosa ya va mejor. Vive sin aprietos y con sus ovejas se entretiene. Y es que, otro de los encantos de los serranos es que es fácil encontrar alguien agradable y con buena conversación que ayuda a entender qué es lo importante de la vida.
Arte
Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción
Edificio de mampostería y sillarejo del siglo XVI. Posee una sola nave, cabecera cuadrangular y torre a los pies. Alberga en su interior un retablo mayor de estilo rococó y un crucifijo gótico del siglo XIV. Junto a la iglesia hay una fuente datada en 1885.
Ermita de la Virgen de la Cuesta
Frente al pueblo, en el cerro de San Martín, reconstruída en 1848. Es un edificio de mampostería aprovechando detalles de hace un par de siglos en el interior y en el exterior. En la fachada sur hay piedras con relieves del s. I, prerrománicas y del s. XVI.
Ermita de Santa Eufemia
En ruinas.
Ermita de San Andrés
En buen estado hasta 1830.
Ermita de San Cristóbal
Sobre sus ruinas se estableció el actual cementerio.
Fiestas
- Ultimo fin de semana de agosto, Virgen de la Cuesta. |