Observar las aves
Cómo observar las aves
No hay un único modo de buscar y contemplar aves. Hay quien busca un buen escondite y deja pasar los minutos sin moverse de allí, a la espera de que aparezcan. Otros en cambio prefieren ir en su búsqueda, moverse constantemente, recorrer toda la zona e ir anotando todas las especies que nos encontremos por el camino.
Pero sea cual sea el método que utilicemos, nuestro gran reto será, no precisamente ver aves, sino saber qué es lo que hemos visto, en el fondo, aprender a identificarlas es como un juego, y una vez bien aprendidas las reglas, lo demás sólo es cuestión de practicar. Hay una serie de rasgos en los que deberemos fijarnos por costumbre y que son los esenciales para aprender a reconocer las distintas especies.
Lo primero es su aspecto general, no sólo su tamaño, sino también su silueta, la proporción entre las distintas partes de cuerpo, o la forma de la cola, el pico, las alas, y otras partes de su morfología, que están íntimamente relacionadas con su forma de vida, el tipo de alimentación, o su hábitat. Los picos, por ejemplo, varían dependiendo de los alimentos que compongan su dieta. Los picos delgados y puntiagudos de los insectívoros, poco tienen que ver con los fuertes y curvos de que se valen águilas y otras rapaces para desgarrar sus presas.
Las alas son otro de los rasgos que antes nos ayudan a diferenciar distintas especies y también dependen de su estilo de vida. Casi todos hemos visto la peculiar forma alargada y aguda de las golondrinas y vencejos, o la tremenda envergadura del vuelo de los buitres, que contrasta con otras como el azor, que cazan en bosques frondosos y son poco planeadoras, por lo que sus alas son cortas. Al igual que ocurre con las alas, también el tamaño y la forma de las patas difiere mucho de unas aves a otras, dependiendo de cual sea su hábitat.
Tal vez el rasgo que antes nos llame la atención de ciertas especies es su colorido, que a veces puede bastar para que adivinemos de un vistazo el nombre del ave que tenemos delante. En otras ocasiones es el oído el que reconociendo cantos y reclamos nos puede indicar que estamos ante una u otra especie.
Su forma de posarse, la manera de volar, donde y cuando comen y otros rasgos de su conducta se han convertido también en la señal de identidad de muchos grupos de aves. En nuestras primeras visitas a uno de los riscos del Iregua, podemos dudar de si lo que estamos viendo en el aire es un buitre o un águila real. Pero enseguida aprendemos que por su manera de volar sólo puede tratarse del primero, ya que su vuelo en círculos es característico.
Harían falta páginas y páginas para, simplemente, dar una idea general de todo lo que rodea al mundo de la ornitología. Pero debemos ser nosotros quienes lo descubramos poco a poco. La naturaleza, por su parte, ha puesto en La Rioja todos los medios posibles para facilitarnos la tarea: decenas de especies representativas de los hábitat más característicos de la península y atractivos paisajes que les sirven de refugio y que nos ayudarán a conocer un poco más la riqueza natural de nuestra tierra. Una cita que bien se merece un pequeño hueco en nuestra agenda. |